Thursday, May 9, 2013

Artículo del egresado Dr. Carlos Escobar Antezano: "¿Los valores existen?"

Compartimos el artículo reciente del Dr. Carlos Escobar Antezano (ICCT 2011, CTOC 2012), Juez Superior Titular de la Corte Superior de Justicia de Lima, Perú, que aborda el tema de la seguridad ciudadana con incidencia en los valores sociales.


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¿Los valores existen?

La seguridad ciudadana como expresión de eficiencia tiene referencia al individuo que puede generar riqueza porque en su patrimonio, integridad y entorno lleva una vida estable y de esa forma se constituye el bienestar general. Emergen dos conceptos de esta premisa: el interés individual interesa al vecino porque refleja su propio bienestar y la manera cómo funciona es consecuencia de la confianza y eficiencia de los que administran, y la vida cotidiana, aceptada y tolerada por el vecindario.

Cuando no funciona esta ecuación el ciudadano tiene como producto la inseguridad y exige al infractor de la paz se aparte de la localidad y se reestablezca la confianza, para ello exige a la administración identificarlos, fijar un proceso y lograr su exclusión; significa que el derecho de policía realice un juicio siempre largo y garantista para evitar errores y se recluya en cárceles con penas cada vez más altas para infracciones que son siempre recurrentes, es el mecanismo que los Estados emplean para enfrentar esta alteración de la paz que golpea con violencia, o con participación de grupos conformados por individuos con roles y funciones que han dividido el trabajo y optimizado el lucro, han afectado el bienestar general y la obligación de los Estados de proteger a los habitantes en su entorno básico como es la vivienda, el trabajo y los logros de uso frecuente donde se reciba servicios, y reducen la persecución del delito a límites simbólicos, nos han generado tanta inseguridad más violenta y compleja, ya no es una violencia ejercida directamente al ciudadano y sus bienes que los Códigos Penales regulan por el grado de afectación. Hay temor en nuestra población, se altera la economía, los estándares de voluntad e intencionalidad criminal superan la previsión de los Códigos, la ingesta de drogas y la proliferación de drogas dependientes y de personas con desórdenes mentales aumenta la tasa de infractores, a lo que se agrega las reticentes oportunidades laborales de personas que han cometido delitos, ello, sin duda, rebasa el control formal y social del Estado, distorsionando los derechos humanos que usados perniciosamente abonan al concepto de inseguridad e ineficiencia del Estado.

En este escenario de impotencia regional en economías emergentes se ha reflexionado sobre el control social y evaluado desde una drasticidad con una intervención social – militar que recala en un endurecimiento de penas en casi todos los delitos; la difusión de estas noticias sensibilizaría a la población. Se busca salidas, una de ellas, que es racional y prudente, es convocar a funcionarios y responsables del bienestar de la sociedad, identificando la intensidad y los grados de distorsión social, que realiza el CHDS. Me parece plausible que la amenaza a la seguridad nacional implica priorizarla en las agendas nacionales, dotar de recursos e implementar políticas transversales, otra de ellas, tal vez la más importante, es implementar una política preventiva de muy largo plazo, parte de una mera generación en que la educación con valores es urgente, no basta normas prohibitivas propuestas de sanción, sino que rescata enunciados fundacionales, de etnias y pueblos que forman los Estados, como los Incas para el Perú, tenían generalizado no robar, no mentir, decir la verdad, sencillos pero con linderos de control general que en nuestra estructura occidental son valores como ideales que individualmente debemos cultivar como hábitos, ya que interceptar, controlar y juzgar el delito es oneroso. Apostar por valores es más beneficioso y debemos alentar su uso cotidiano, en todo lugar donde se busque la seguridad ciudadana. Tiene que influirse como como un hecho para mejorar la actitud de la población de Boston, producida por la insania demencial de colocar bombas y atentar contra civiles, fue la población que colectivamente tuvo que asumir la obligación de identificar a los autores, y el rechazo inmediato fortalece el vecindario y al Estado como un lugar seguro, que el repudio y la sanción van a ser inmediatos. Hay pues valores en práctica y uso que por guerras asimétricas en la que los ataques son arteros y masivos, se aglutinan colectivamente en busca de respuestas inmediatas. Es positivo y debe potenciarse ya que legitima al derecho de intervención del Estado.

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