Thursday, August 16, 2012

Bloguero Invitado: "Londres dispuesto a extraditar a Assange"

*The opinions expressed here do not necessarily reflect those of the Center for Hemispheric Defense Studies, the National Defense University, or the U.S. Department of Defense. Las opiniones aquí expresadas son las de los autores y no reflejan necesariamente la opinión del CHDS, NDU ni la del gobierno de los Estados Unidos.

Londres dispuesto a extraditar a Assange a Suecia pese a asilo



Hace unas cuantas horas el diario británico “The Guardian” sorprendió a los propios involucrados, (el gobierno del Ecuador y el australiano Julian Assange) informando que el presidente Rafael Correa habría autorizado otorgarle el asilo a Assange, quien desde mediados de junio se encuentra viviendo en la Embajada del Ecuador en el Reino Unido como consecuencia de la solicitud de asilo que hubiera realizado a fin de evitar su extradición a Suecia. La noticia del otorgamiento del asilo ha sido negada por el mismo presidente Correa, quien ha manifestado que todavía se encuentra analizando la situación.

Si bien a simple vista muchos podrían apreciar este caso como una mera estrategia jurídica para evadir el peso de la justicia sueca en un escabroso caso de delitos sexuales, las circunstancias en las cuales los acontecimientos se han venido desarrollando, así como la falta de un instrumento jurídico propio capaz de regular situaciones como estas, nos han llevado a incluir como tema de la semana dicha noticia.

Indistintamente de lo que significa la posibilidad real de la culpabilidad de Julian Assange como autor de delitos sexuales, quiso la Divina Providencia que las acusaciones en su contra por dichos actos se hubieran producido en el mismo intervalo en que el gobierno de los Estados Unidos manifestaba su rechazo, y clamaba por su enjuiciamiento, por haber revelado de manera continua una serie de infidencias sobre la política exterior Norteamericana. Prácticamente todas las semanas el mundo entero se aprestaba a leer en los más prestigiosos medios de comunicación del mundo, las informaciones que la organización “Wikileaks”facilitaba. Allí nos enteramos de las impresiones que tenían los funcionarios diplomáticos Norteamericanos sobre los jefes de Estado, y miembros de los gobiernos de los países en donde estaban acreditados, de los asuntos de Estado, e incluso de los chismes de pasillo de las respectivas cancillerías.

Después de una serie de recursos jurídicos interpuestos por los abogados de Assange para evitar el enjuiciamiento de su defendido en Suecia, y recordando las palabras del presidente Rafael Correa, quien al salir publicadas las informaciones de Wikileaks, utilizaba las mismas para denigrar de la sinceridad del gobierno Estadounidense, y no teniendo ninguna otra carta más que jugar, Assange acude a la sede diplomática del país andino en Londres y solicita asilo por considerar que las causas que originaron dichos procesos judiciales obedecen a intereses políticos de los Estados Unidos como consecuencia de las filtraciones de Wikileaks.

El hecho es que no existe una solución única para este caso porque, indistintamente de la aparente universalidad del término “asilo”, la América Latina ha sido la única región en el mundo que ha regulado mediante convenciones multilaterales a la figura del asilo. Si bien en el caso de la Unión Europea ha habido una evolución en el término, y en su utilización, esta ha venido desarrollándose en el caso del asilo territorial (Utilizando la terminología de las Naciones Unidas,“Declaración Universal de los Derechos Humanos” , Párrafo 2, Articulo 14), excluyendo expresamente del asilo a los delitos comunes y dejándose al Estado que concede el asilo la calificación sobre el tipo de causas que motivaron la solicitud del asilo.

En el caso d
el Reino Unido, este como parte de la Unión Europea se rige por todos los instrumentos jurídicos aplicables a esta; entre ellos el Tratado de la Unión Europea (“Tratado de Maastricht”, modificado por el “Tratado de Ámsterdam”), el cual establece la Política Exterior en el ámbito de la Unión Europea, y el cual (Título VI), hace referencia a la cooperación que debe existir en materia de inmigración y asilo en líneas generales.

Adicionalmente a estas normas comunes, el Reino Unido, -además de haber firmado la Convención de Ginebra y el Protocolo de Nueva York-, ha establecido a lo largo del tiempo diversas regulaciones de asilo. Tenemos la “Immigration Act 1971”, la “Immigration Act 1988”,“Asylum and Immigration Appeals Act 1993”, “ Asylum and Immigration Act 1996”y la “Immigration andAsylum Act 1999”. No obstante, debemos destacar que la mayoría de estas disposiciones se refieren a la figura del asilo cuando este es solicitado por un extranjero al ingresar a territorio británico, y no resuelve situaciones, que como el caso particular del Sr. Assange, se encuentra en territorio británico y solicita asilo a un país extranjero.

Vista la situación, y entendiendo, repetimos, que no existe un instrumento jurídico que conjugue en una misma balanza la aplicación de normas de carácter similar sobre asilo por parte de la Gran Bretaña y el Ecuador, la decisión por parte del gobierno latinoamericano- para el caso de que efectivamente concediera el asilo- causaría una serie de consecuencias impredecibles, no solo en las relaciones diplomáticas entre ambos países, sino en lo que respecta a la existencia misma del derecho de asilo y de la aplicación del mismo como una manifestación de la soberanía de los Estados.

No reconociendo el asilo diplomático en sí, y bajo la amenaza velada por parte del gobierno del UK, de no otorgar el respectivo salvo conducto a Assange para salir de la sede diplomática y dirigirse al aeropuerto a fin de trasladarse al Ecuador, el solicitante, de decidir trasladarse fuera de la sede diplomática, correría el riesgo de su detención e inmediato traslado hacia Suecia. Esto sin contar con que este se encontraba bajo libertad bajo fianza- la cual habría sido violada al ingresar a la Embajada Ecuatoriana- otorgada por las autoridades británicas.

De igual forma, para el caso de que le fuera otorgada la medida, y el solicitante se considerare amenazado en su seguridad personal si saliera de la sede diplomática para trasladarse al país otorgante, el mismo no tendría otra alternativa que mantenerse indefinidamente en dicha sede hasta tanto las autoridades del Reino Unido aceptaren oficialmente respetar la decisión soberana del Ecuador. Esta última circunstancia, por parte del gobierno británico resultaría poco probable, si nos dejamos ver por las declaraciones de las autoridades de ese país, amén de la conducta que tradicionalmente ha mantenido el país europeo con la América Latina, principalmente en casos como el de Las Malvinas. Si a esto le unimos la política exterior tremendista que el propio presidente Correa ha establecido para con los Estados Unidos y la misma Inglaterra, las esperanzas para Assange, de llegar a un final feliz, parecieran evaporarse. Basta con recordar el desconocimiento del gobierno de transición de Libia y la no aprobación de la intervención de la OTAN en ese país, por parte de Correa. Tomemos en cuenta su solicitud incluso de un “bloqueo latinoamericano” a Inglaterra por el caso de Las Malvinas, y hasta el boicot a la Cumbre de Cartagena, si no se invitaba al gobierno de Cuba, por parte del mandatario ecuatoriano, o la consideración de la muerte del dictador Gadafi por parte de aquel, como un asesinato, para entender que el gobernante ecuatoriano podría no ser muy bien visto por las autoridades inglesas, como para ser respetada su decisión de otorgar asilo de su parte, si fuera el caso.

Más allá de las simpatías o no que pudiera representar el gobernante ecuatoriano, sirva este ejemplo para retomar un tema que como el del asilo, no ha tenido ni una misma interpretación, ni una misma solución, en la comunidad internacional. Así como hoy está en tela de juicio la veracidad o no de la comisión de delitos comunes por parte del solicitante, el día de mañana pudiera haber hechos muchos más sólidos respecto a circunstancias políticas, los cuales probablemente podrían correr la misma suerte, que no es otra que el desconocimiento de la decisión de un país soberano de aceptar la solicitud de asilo, versus el derecho, (también soberano), de países, que como el Reino Unido, poseen una visión distinta de las cosas.


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