Tuesday, January 31, 2012

¿Quién Dijo que en Honduras No Hay Petróleo?

       Octubre 2, 2009         
Virnigia Contreras
Ex Embajadora de Venezuela ante la Organización de los Estados Americanos
(SDP, octubre 2006, TCI, octubre 2008, y ACPMR, octubre 2010)
Venezuela


Sumario: La situación política  de Honduras, a raíz de la salida del Presidente Manuel Zelaya de la presidencia de la República, es de una profunda volatilidad. Estando a dos meses para realizarse las elecciones presidenciales, y después de que el gobierno interino de ese país hubiera sorteado toda clase de obstáculos, entre ellos la suspensión del estado, del sistema interamericano por parte de la Organización de los Estados Americanos (OEA), persiste la intranquilidad.

A medida que se acerca el 28 de Noviembre, oportunidad fijada por las autoridades electorales hondureñas para el proceso eleccionario, la paz y libertad necesarias para la realización del mismo, se ven amenazadas. La razón es obvia: si consideramos que el presidente depuesto persiste en su intención de recuperar el poder (para cuyo efecto se ha trasladado subrepticiamente hasta la embajada de Brasil en la capital hondureña), es lógico concluir que su único objetivo está dirigido a impedir por cualquier medio las elecciones. Con elecciones realizadas, y con el transcurrir irremediable del tiempo, las aspiraciones del Presidente Zelaya se habrán evaporado.

Muchas son las teorías que se tejen a raíz del ingreso del Sr. Zelaya a Honduras; particularmente porque ha debido contar con la colaboración de algún jefe de estado para poder cruzar la frontera. Adicionalmente, éste ha contado con el apoyo del gobierno del Brasil, el cual le ha facilitado cobijo y le ha permitido realizar todo tipo de proselitismo a fin de convocar a sus seguidores a diversas actividades políticas. No estamos interesados en conocer las aventuras del depuesto presidente en su travesía fronteriza, pero evidentemente que existen muchas dudas respecto a los motivos por los cuáles algunos gobiernos democráticos del continente decidieron inmiscuirse en un asunto que le compete exclusivamente a Honduras. Por tal razón hemos considerado de vital importancia el conocer qué intereses, aparte de la relación de hermandad que pudiera existir entre estos jefes de estado y el Presidente Zelaya, han podido prevalecer para que países de reconocida disciplina diplomática, como el caso del Brasil, hayan decidido echar al traste el respeto que su imagen internacional había acumulado durante décadas, en beneficio de tan peculiar personaje.



Entre Zelaya y Micheletti

Podríamos tratar de explicar, con elementos más que justificados, las razones por las cuáles la situación de Honduras pareciera haberse estancado. Una de las causas puede atribuirse a la falta de previsión de parte de quienes posteriormente se convertirían en las autoridades del gobierno de ese país, frente al caos creado a raíz de la salida de Zelaya de Honduras. El caso es que si analizamos las declaraciones de los representantes de la comunidad internacional, tales como jefes de estado, miembros de organismos internacionales, diplomáticos y medios de comunicación, concluiremos que todavía como que no se tiene muy clara la razón de la crisis. Esa lucha entre la defensa de la democracia hondureña, encarnada por las actuales autoridades de ese país, versus el intento de perpetuarse en el poder, de parte de Manuel Zelaya, pareciera haberse diluido en la mente de muchos ciudadanos. Un ejemplo elemental lo apreciamos al escuchar los calificativos que infinidad de personas, y medios de comunicación, continuamente realizan respecto al actual gobierno hondureño y a su presidente interino, en los cuales les adjudican los términos de, “presidente de facto” o “gobierno golpista”.

Esta confusión que persiste respecto a la situación de ese país, no sólo obedece a la falta de claridad de los hechos vinculados a la salida de Zelaya del poder. La razón fundamental de la duda, por lo menos en los actuales momentos, responde al exceso de protagonismo que han venido desarrollando, tanto Manuel Zelaya, como el actual Presidente, Roberto Micheletti. Estos, en vez de permitir decantar la situación, han convertido la discusión en un ring de boxeo político, compuesto de dimes y diretes, marchas y contramarchas; de tal forma, que ambos personajes han venido erosionando su posición.  Mientras esta situación persista, mucho más difícil será resolver la crisis política.

¿Qué está pasando?

Bajo el asombro de todos, el pasado 21 de septiembre, después de algunas tentativas para ingresar a territorio hondureño, el Sr. Zelaya regresó a su país. A pesar de que las primeras noticias anunciaban el traslado de ex Presidente Zelaya a las oficinas de las Naciones Unidas en Tegucigalpa, éste decidió alojarse en la embajada del Brasil. A partir de ese momento, hasta el sol de hoy, permanece Manuel Zelaya, presidente depuesto de Honduras, en dicha sede diplomática. Allí vive. Allí despacha, allí emite declaraciones políticas y convoca a sus seguidores a todo tipo de actividades; y todo esto bajo el amparo de una nación extranjera. Por su parte, los seguidores del presidente depuesto, según lo destacan los medios de comunicación, se han encargado de todo tipo de destrozos a establecimientos comerciales, saqueos, agresiones a la población, y en general daños a la propiedad privada y amenazas a la vida de los ciudadanos.  

Como consecuencia de tales hechos, el gobierno hondureño ha decretado en diversas oportunidades el toque de queda a fin de limitar los momentos de las manifestaciones públicas, así dichas agresiones. De igual forma, en fecha 26 de septiembre, el presidente interino ordenó la publicación de un Decreto de Suspensión de Garantías Constitucionales por el lapso de 45 días, así como el cierre de dos medios de comunicación, aparentemente vinculados con las convocatorias que ha venido ejerciendo el Sr. Zelaya. Estas medidas, como era de esperarse, han recibido el rechazo de importantes sectores de la comunidad nacional e internacional; a tal punto que el mismo presidente interino ha manifestado su intención de revocarlas.



¿Qué han hecho algunos gobiernos frente a la situación política de Honduras?

Frente a la crisis hondureña han participado de manera muy particular algunos gobiernos del continente americano a favor del presidente depuesto. Uno de los primeros en apoyar irrestrictamente al mandatario Zelaya fue el Presidente venezolano Hugo Chávez, quien además de convocar a los países del “ALBA”, así como de solicitar la intervención de la OEA (e incluso hasta de requerir la intervención del gobierno norteamericano), amenazó con restituir por la fuerza a Zelaya en el poder.

Nicaragua ha sido otro estado cuyo gobierno facilitó su territorio para que el saliente presidente intentara ingresar a su patria por una de sus fronteras. Curiosamente el canciller de ese país hace algunos días denunció ante la Asamblea General de las Naciones Unidas,  “la existencia de un plan orquestado por el Presidente Micheletti para asesinar a  Zelaya dentro de la sede diplomática del Brasil”.

El gobierno de los Estados Unidos también ha intervenido en esta lamentable situación, hecho que no ha sido del todo bien visto por la población norteamericana. Esta ha apreciado las discrepancias políticas que se han creado dentro de las distintas instituciones del estado sobre el tema de Honduras.

Ante las declaraciones del presidente Barack Obama a favor de la restauración en la presidencia del Sr. Zelaya, sin que hubiera realizado ninguna mención a la violación a la Constitución hondureña por parte de éste, los analistas han evaluado diversas hipótesis para tratar de entender la conducta del jefe de estado estadounidense. Hay quien le atribuye este error de criterio del Presidente Obama a la ascendencia que poco a  poco ha venido adquiriendo en la Casa Blanca el abogado Gregory Craig, quien se ha convertido en uno de sus asesores más influyentes,  y quien fuera conocido en el mundo político por su participación en defensa de los intereses del dictador Fidel Castro, y del padre del niño Elián González, aquel pequeño balsero cubano cuya permanencia en los Estados Unidos fuera disputada durante la presidencia de Bill Clinton. Otros justifican su conducta debido a la influencia de otro de sus más cercanos asesores, Daniel Restrepo, miembro del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, y cuyos consejos han sido vitales para que el Presidente Obama sugiriera la apertura del gobierno estadounidense ante el gobierno cubano, así como ordenara el cierre de la prisión de Guantánamo.

Pero la molestia ante la actitud del presidente norteamericano ha llegado a otras instituciones del estado. Tanto es así, que la postulación que el Presidente Obama hiciera del Sr. Arturo Valenzuela, como Sub Secretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, y de Tom Shannon, como Embajador de los Estados Unidos ante la República Federativa del Brasil, ha sido retrasada por solicitud del Senador conservador Jim DeMint,  quien invocó su derecho a pedir a la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado que pospusiera la votación para confirmar a los candidatos nominados. De igual forma resulta patente la molestia por la política norteamericana frente al caso hondureño, cuando este mismo senador, acompañado de otros 16 más, se ha dirigido a la secretaria de estado, solicitándole un cambio de posición en el caso de Honduras. Por si esto fuera poco el Embajador Alterno de los Estados Unidos ante la Organización de los Estados Americanos, Lewis Amselem, en la sesión del Consejo Permanente del organismo multilateral, el 28 de septiembre, ante el asombro de todos, afirmó que, “Zelaya tiene que portarse como un líder y enviar mensajes claros que expresen puntos de vista de manera pacífica, tiene que dejar de hacer acusaciones y de actuar como si fuese una estrella de cine". Estas afirmaciones, coincidentes con la evidente omisión por parte del Presidente Obama, y la secretaria de estado, de seguir calificando (como inicialmente lo hicieron), como “golpe de estado” a los sucesos hondureños, dan mucho qué pensar en relación a la confusión que existe dentro de dicho gobierno frente a Honduras. Pero así como demuestra la duda que existe en relación con el mismo, igualmente abre la esperanza del reconocimiento de las elecciones presidenciales hondureñas, inicialmente negado por el país del norte.

Hay muchos otros gobiernos que han manifestado su apoyo al Presidente Zelaya. Podríamos mencionar al caso del Presidente Felipe Calderón, de Méjico. Éste al parecer no obtuvo muy buenos réditos con sus atenciones para con el presidente depuesto. En efecto, habiendo transcurrido si acaso 24 horas de su llegada al país, ya el defenestrado presidente había hecho de las suyas, al emitir declaraciones frente a grupos opositores de su anfitrión, en detrimento de éste. Como fuera del conocimiento público, esta circunstancia obligó a las autoridades mejicanas a invitar al huésped de honor a abandonar prontamente territorio mejicano.

El jefe de gobierno español ha sido otro de los que ha manifestado su apoyo irrestricto, como lo reiteró el Sr. Rodríguez Zapatero en la recién Asamblea General de las Naciones Unidas. Allí, curiosamente declaró el gobernante español, que, “ya basta de golpes de estado antidemocráticos”. Contrariamente a sus intereses de demostrar su talante democrático, este hecho fue comentado en las instancias internacionales como un reconocimiento a la realización de “golpes de estado democráticos”.

En fin, que si por el apoyo al presidente depuesto fuera, seguramente que ya Manuel Zelaya estuviera en el poder.

El caso de Brasil

La situación del Brasil amerita una consideración especial. La República Federativa del Brasil ha sido reconocida en el mundo como la escuela de la diplomacia. De allí que cuando de violaciones al principio de la soberanía de los estados se trata, se contraponga dicha circunstancia a la conocida escuela de la diplomacia de “Itamaraty”. No en vano uno de los grandes  juristas brasileño, Ruy Barbosa, durante la Conferencia de La Haya, en 1907, manifestó  de manera contundente los valores emanados del primer país de la América del Sur al afirmar, "la soberanía es la muralla de la patria".
El hecho es que hace aproximadamente una semana el presidente depuesto hizo acto de presencia en la embajada del Brasil, en la capital hondureña.  Para dar una idea de la inclinación del gobierno brasileño, recordaremos las palabras del presidente de Brasil, Luis Inácio Lula Da Silva, quien encontrándose en Nueva York para participar en la Asamblea General de las Naciones Unidas, durante un discurso transmitido por el canal de noticias de Brasil Globo News, se refirió a la situación de Honduras, declarando que “No podemos aceptar más un golpe militar”, y agregando, “No cabe entregar a Zelaya… No tenemos el derecho de aceptar que alguien se crea con derecho para sacar de su cargo a una persona elegida democráticamente”.
La actitud asumida por el gobierno del Brasil ha causado alarma en importantes sectores del mundo político de dicho país, así como de la comunidad internacional. Representantes de los más importantes partidos políticos brasileños solicitaron a su mandatario que explicara las condiciones en las cuáles se encontraba el Sr. Zelaya dentro de la sede diplomática. Esto en vista de que hasta el momento el gobierno del Brasil se ha negado a aclarar, tal y como le ha sido exigido por las autoridades hondureñas, el verdadero estatus de Manuel Zelaya dentro de su territorio.
Algunos analistas políticos han atribuido la molestia causada en un importante sector de la sociedad brasileña al hecho que, con la posición adoptada por dicho gobierno,  esa imagen de respetuosos inquebrantables del principio de no injerencia en los asuntos internos de los estados, costará mucho tiempo para restablecerse. De allí que el propio Congreso del Brasil, en boca del Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa, Eduardo Azevedo, haya exigido la presencia del Canciller Celso Amorín, a fin de que explique las razones por las cuales el gobierno del Brasil ha colocado en una posición tan delicada a su país, circunstancia, que a su juicio, podría conllevar a “un conflicto internacional”. De igual forma el Presidente del Partido Popular Socialista del Brasil declaró que, “Como no se trata de un asilo, lo que parece haber ocurrido es una participación de la diplomacia brasileña en una acción clandestina y en una clara interferencia en asuntos internos de otro país”.
Algunos estudiosos se preguntan con ironía, qué respuesta podría facilitar al mundo el conocido asesor especial del Presidente Lula Da Silva, Bottom of Form
Marco Aurelio García, quien el 14 de Junio de este año, reafirmaba de manera contundente ante el diario O Estado, de Sao Paulo, ''Brasil no tiene por qué estar dando certificados de buena conducta o de mala conducta alrededor del mundo''.  Estas mismas personas consultadas manifiestan no sentir sorpresa por la conducta asumida por dicho gobierno, al recordar cómo (por destacar un ejemplo), en este año la actitud de Brasil ha sido tan benevolente frente a temas sensibles, en materia de su política exterior, como la defensa de los derechos humanos. Nos estamos refiriendo a las resoluciones de las Naciones Unidas emanadas del Consejo de Derechos Humanos, en donde  Brasil se ha venido alineando  con los intereses de los países totalitarios.

Para muestra recuerdan cómo en el mes de febrero del año en curso, mientras se revisaba la situación de los derechos humanos en Cuba, Brasil tuvo la originalidad de declarar que, “celebraba la postura constructiva de Cuba en el sistema de derechos humanos de las Naciones Unidas”. Un mes después, Brasil se abstuvo de votar en la resolución para continuar el monitoreo de derechos humanos en Corea del Norte, en donde de acuerdo con las Naciones Unidas se han venido investigando denuncias sobre ejecuciones y la existencia de campos de trabajo forzado.  Igualmente en marzo Brasil evitó votar a fin de detener la solicitud africana de intentar bloquear las investigaciones de las Naciones Unidas sobre los atropellos del gobierno de la República del Congo en contra de la población de ese país. De igual manera en mayo, Brasil se abstuvo de votar la resolución para frenar el monitoreo de violaciones contra los derechos humanos en Sri Lanka, denunciadas como “crímenes de guerra” por las Naciones Unidas.

De igual forma, y en absoluta contradicción con las palabras del asesor García, y con su conducta actual, en septiembre del 2008, el presidente Lula, al confirmar que ayudaría a Bolivia a desmantelar grupos armados en el departamento de Pando, en la frontera brasileña, declaraba que, “Si el embajador de Estados Unidos en La Paz, Philip Goldberg, se inmiscuyó en asuntos internos, su par Evo Morales hizo bien en expulsarlo.  Ni pensar en una injerencia brasileña en Bolivia, mucho menos con tropas". En un anticipo de la agencia de noticias del Brasil, citado por Télam, de una entrevista que el mandatario ofreció, agregó que, "tampoco es de hoy la famosa interferencia de las embajadas estadounidenses en varios momentos de la historia del continente americano". 

Así las cosas, en la actualidad Manuel Zelaya se encuentra alojado en la embajada del Brasil en la República de Honduras, resguardado por aquel gobierno, bajo condiciones y características desconocidas para el mundo. Todo esto además en flagrante violación a las normas y tratados internacionales, como la Convención de Viena Sobre Relaciones Diplomáticas, de la cual Brasil es país signatario, las resoluciones que sobre la materia han sido dictadas por organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos, así como la legislación interna de ese país, instrumentos todos éstos que contemplan la prohibición expresa de intervenir en los asuntos internos de los estados.

¿Honduras, la pobre?

Mucho se ha especulado respecto al porqué tantos gobiernos y organizaciones internacionales del mundo parecieran haberse encaprichado contra Honduras, al pretender sancionar a esta nación por circunstancias similares por las cuales protegen a otros gobiernos. El consenso pareciera adoptar la tesis de la poca importancia de este país centroamericano, el cual lo ha colocado en una situación de minusvalía frente a otros. De hecho nadie podría imaginar una posición similar a la adoptada por el gobierno del Brasil, si en vez de Honduras el país involucrado fuera Venezuela, Colombia, Chile, o los Estados Unidos.

En los actuales momentos Honduras es considerada el tercer país más pobre del continente, después de Haití y Nicaragua. Si a esto le sumamos el efecto de la crisis económica mundial, la situación es mucho menos alentadora. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la CEPAL, Honduras será uno de los países de la región donde la contracción económica será más fuerte este año. Según las proyecciones del organismo, el país asumirá una caída de -2.5% en su Producto Interno Bruto, PIB.

No obstante las consideraciones anteriores, al parecer existe otra posible y extraordinaria circunstancia que podría explicar qué intereses estarían detrás de la actuación de ciertos gobiernos del continente en relación con la situación política hondureña.

Señalan algunos expertos consultados, que una de las motivaciones a esta conducta por parte de ciertos gobiernos, como los de Brasil y Venezuela, podría estar vinculada al resultado de ciertos estudios que, años atrás, expertos rusos habrían realizado en la plataforma continental del Caribe hondureño, en donde hallaron indicios de la existencia del tan codiciado petróleo. Tal y como fue confirmado por el funcionario Renato Escanete, miembro de la comisión brasileña que se trasladó a Honduras en su oportunidad, la compañía Petróleos de Brasil (Petrobras) haría exploraciones en ese país, en base a un convenio que el pasado año impulsaron autoridades de Brasilia que se trasladaron a Tegucigalpa. Esa comisión la integraron igualmente los ciudadanos brasileños,  Mónaco de Carvao, asistente de la Dirección Internacional, y Juan Mor, analista en oportunidades internacionales.

La información no quedó allí. Según el gerente general de Abastecimiento de Petrobras, durante una visita realizada por el Presidente Zelaya a Brasil, el presidente hondureño, al parecer habría avanzado en un acuerdo de cooperación energética que daría paso a las exploraciones.

Debemos aclarar que las investigaciones petroleras que dieron origen a estas circunstancias datan del año 2005, durante la presidencia de Ricardo Maduro, cuyo gobierno anunció en aquel momento que presentaría las bases de licitación para la explotación de yacimientos de petróleo en la costa atlántica hondureña. La información fue suministrada entonces por quien ocupara el cargo de ministra de Recursos Naturales y Ambiente, Patricia Panting. La referida funcionaria confirmó ante los medios de comunicación en aquella oportunidad que la zona donde inicialmente se harían las exploraciones sería la línea marítima entre Tela y La Mosquitia, en la costa atlántica.

Adicionalmente ya para el año 1999 una delegación de científicos rusos del Instituto de Exploración de Reservas de Petróleo de Rusia conformada por los geólogos Aleskesei E. Kontorovich, Michael D. Belonin y Leonid F. Khilyuk había confirmado al gobierno hondureño la existencia de un primer yacimiento petrolero en la costa atlántica. Dichos expertos incluso indicaron la necesidad de una inversión de unos 100 millones de dólares en las exploraciones, particularmente en lo relativo a la perforación de pozos en la plataforma continental. Indicaron igualmente que las pruebas arrojaron que el petróleo encontrado en Honduras carece de azufre y es más liviano. De igual forma destacaron que, la existencia de petróleo en el yacimiento podría ser de 3 billones de toneladas, lo que indicaría que se podrían explotar unas 7 mil toneladas al año. Esta información sería el complemento de las exploraciones que mucho antes, para 1996, expertos del Instituto de Geofísica del Japón iniciarían y que concluyeron en 1997, pero cuyos resultados no se dieron a conocer. Así mismo, a finales de los años 80, la Fundación Gunerman de Estados Unidos, y otro grupo de empresas japonesas, hicieron investigaciones de búsqueda de petróleo en Honduras.
Los datos obtenidos en las investigaciones harían ver que paralelamente a estas negociaciones que el depuesto presidente estaría realizando con la empresa Petrobras y el gobierno del Brasil, el Presidente Zelaya supuestamente adelantaba también conversaciones con otras empresas explotadoras del crudo.  Funcionarios entrevistados señalan que para agosto del año pasado, Zelaya fue el anfitrión de la II Cumbre Extraordinaria de jefes de Estado y de Gobierno del “ALBA”.  En uno de los actos conexos con la Cumbre, los asistentes firmaron un documento que correspondería a la “prospección y producción petrolera en el Caribe hondureño”.  Estas operaciones habrían sido asignadas por el Presidente Zelaya a una empresa avalada por el  “ALBA”,  llamada “Energía, Gas y Petróleo”, la cual se encargaría de efectuar los estudios correspondientes, y bajo la coordinación del Estado hondureño, para desarrollar el plan de producción y comercialización.  El contenido  del referido acuerdo nunca fue informado públicamente, aún cuando empresarios y diputados del Parlamento hondureño, opositores al gobierno, insistieron que Zelaya diera a conocer su contenido.  Pero las investigaciones sobre estos interesantes hechos van más allá, en fecha 29 de marzo del presente año, el diario la Prensa,  en uno de sus espacios de “Negocios” publicaba una información suministrada por el entonces Ministro de Recursos Naturales y Ambiente, Tomás Vaquero, en donde manifestada que “la empresa estatal Petróleos de Venezuela, PDVSA, estaba interesada en explorar petróleo en Honduras”.
Lo sorprendente de esta información suministrada no fue únicamente el abrir una esperanza a un país que merecía una mejor fortuna, sino descubrir en el mismo periódico, en la “sección 3.-”, otra información complementaria que demostraría hasta qué punto el gobierno hondureño venía adelantando sus acciones. La referida noticia correspondía parcialmente a la siguiente: “…Noruegos ya iniciaron exploración: Honduras firmó un convenio con la Petroleum Geo Services, PGS, que realizará estudios en 10 mil kilómetros de líneas sísmicas del mar territorial de Honduras, para posteriores exploraciones de crudo durante los próximos diez años. A finales de febrero pasado iniciaron las primeras exploraciones a través de un barco equipado con sensores de búsqueda geológica (buque Falcon Explorer). Al concluir el proceso, el Gobierno determinará a qué empresa concederá derechos de explotación en caso de hallarse petróleo en el subsuelo marino. PGS invertirá en la realización de los estudios en Honduras alrededor de 23 millones de dólares, que recuperará al vender los estudios a cualquiera de las firmas que manifestaran interés de hacer exploraciones, indicó Vaquero. El gerente de desarrollo de PGS, George Buzan, explicó que los análisis se llevarían a cabo entre febrero y marzo próximos, y que su duración (máxima legal) será de diez años”.

Adicionalmente a las empresas petroleras mencionadas, la posibilidad de explotar petróleo en un área como la señalada igualmente abrió el apetito de las tradicionales  compañías transnacionales de la talla de “Chevron”, “Exxon Mobil” y “Shell”, e incluso una de ámbito local (“Dippsa”), aún cuando PDVSA, (amparada en el “ALBA”) y Petrobras, fueron las que al parecer mantuvieron el interés del entonces Presidente Zelaya.

Lo antes expuesto no son sino pequeños detalles de lo que sería una investigación mucho más profunda. Con ello hemos tratado de explicar lo inexplicable; y es que resulta increíble que una pequeña nación, como Honduras, haya sido objeto de violaciones descaradas a su soberanía, sin que pareciera que hubiera interés alguno en contribuir a la preservación de la democracia en ese país. El tiempo ofrecerá respuestas que en este momento resulta inconveniente adelantar; aún cuando providencialmente ya han venido apareciendo retazos de la historia. Por lo menos así lo aseguran quienes se han encargado de ordenar la documentación encontrada en la caja fuerte del depuesto presidente, y en cuyo interior aparecería un voluminoso documento, de aproximadamente 40 páginas, titulado “Petroleum Geo Services, PGS. Preliminar Report” (Confidencial).



Conclusiones

No es fácil hacer conclusiones cuando los hechos aún están por producirse. Quiéranlo reconocer o no, las elecciones presidenciales del mes de noviembre en Honduras marcarán el final de un tiempo en esa pequeña nación centroamericana. Manuel Zelaya lo sabe, como igualmente lo saben los Presidentes Hugo Chávez y Lula Da Silva.

Es posible que las acciones ejecutadas por el actual gobierno de Honduras no hayan sido perfectas en un cien por ciento. Nunca lo son. Si los sucesos en Honduras se hubiesen manejado de una manera irresponsable, a estas alturas probablemente se hubiera dado al traste con la democracia de ese país. Afortunadamente esto no ocurrió.

Las actitudes asumidas por algunos gobiernos, como el de los Estados Unidos, no sólo no han contribuido a solucionar la crisis en Honduras, sino que las han empeorado al intentar acorralar  a las autoridades de este país de una manera innecesaria e inhumana.

Lamentablemente el gobierno del norte, no sólo demostró un desconocimiento asombroso de las realidades de los pueblos latinoamericanos, sino una gran improvisación en su política exterior (hecho que puede apreciarse no sólo frente a la América Latina, sino en relación con casos sensibles como el del Medio Oriente). Pero aún bajo esta lamentable premisa, el mundo pudo apreciar un ejemplo digno de considerar; y es que si bien es cierto que las autoridades gubernamentales de los Estados Unidos cometieron errores, las instituciones del estado han podido reaccionar a fin de impedir que tales errores fueran capaces de producir un daño irreparable para la imagen de su nación.

Una de esas instituciones es el Congreso de los Estados Unidos.  Allí, nadando contra la corriente, se han producido acciones concretas para frenar los efectos de la mala política del gobierno en el caso de Honduras. Los ejemplos pudieron apreciarse en la actitud asumida por aquellos senadores y miembros de la cámara de representantes, que se han dirigido repetidas veces, tanto al Presidente Obama, como a la secretaria de estado, requiriendo una rectificación frente al caso hondureño. Dichas acciones han sido complementadas con la negativa a aceptar la postulación de dos importantes funcionarios al servicio de la secretaría de estado. Esto último probablemente no haya servido hasta el momento para modificar las medidas dictadas por el poder ejecutivo, pero evidentemente han sido importantes como mecanismo de presión. De igual forma algunos miembros del Congreso estadounidense se han trasladado, y otros en los próximos días lo harán, hasta la nación centroamericana a fin de constatar por sus propios medios la realidad de ese país. Digno de comentar es la discusión que algunos congresistas han propuesto a fin de lograr el reconocimiento de las elecciones a efectuarse en Honduras, circunstancia que hasta el presente ha sido vetado por la Secretaria de Estado, Hillary Clinton.

De igual forma podemos hablar de otras naciones. Las acciones tomadas por el gobierno del Brasil tomando partido por el Presidente Zelaya, son un hecho, que más que dañar a la humilde Honduras, han abochornado profundamente a la sociedad brasileña. Las consecuencias para su imagen, su credibilidad, su respetabilidad, aún están por verse; pero así como pudimos observar en el caso del Congreso norteamericano, similar reacción se ha visto en el Congreso del Brasil. De hecho la cámara del senado de ese país ha exigido de manera contundente al jefe de estado, una explicación en relación con el uso de su sede diplomática como comando de campaña del depuesto presidente. Lo interesante del caso es que ha sido el propio Parlamento quien ha calificado la actuación de su gobierno como, “una inadmisible intromisión en los asuntos internos de los estados”.

Las relaciones internacionales entre estados se basan en una política exterior centrada fundamentalmente en sus intereses, no en sus amistades. Pero esas relaciones tienen como instrumento la confianza y el respeto existente entre las distintas naciones del mundo. De allí que esta situación que se ha creado a raíz de un asunto meramente interno, como lo fue la salida de un jefe de estado, por razones de inconstitucionalidad e ilegalidad, en donde se ha involucrado una potencia suramericana, marcará una diferencia en la manera como de ahora en adelante se manejarán esas relaciones.

En el caso de los Estados Unidos, su gobernante tendrá que aprender que en la América Latina no basta ser simpático para ser respetado; y que así como en su país existen valores como el de la democracia, la justicia, la paz y la libertad, en Honduras también los hay.

En el del Brasil ahora su gobernante habrá entendido que no se puede atropellar a un pueblo, por muy humilde que parezca, sin que esto no traiga consecuencias; y que quien desea formar parte de un organismo tan importante, como miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, no solo debe quererlo, sino merecerlo.

En el caso de Venezuela, su gobernante una vez más tendrá que comprender que por mucho petróleo que dicho estado posea, si este recurso no viene acompañado de otros, intangibles, pero no menos valiosos, como la moral y la ética internacional, tarde o temprano llevará a esa nación al fracaso.

En relación con organismos como la Organización de los Estados Americanos, la lección los ha golpeado en su propia casa; y es que para que un funcionario de la talla del representante alterno de los Estados Unidos ante la OEA, se haya atrevido a criticar, tanto al presidente depuesto, como a la misma organización, es que definitivamente la vergüenza ha debido hacer estragos en el Departamento de Estado. Esto sin profundizar en el hecho de que habiéndose adelantado a emitir opiniones el organismo hemisférico,  sancionando precipitadamente a un estado, sin agotar el diálogo necesario entre las partes involucradas, dicha organización quedó fuera del juego anticipadamente.

Hace unos días un grupo de empresarios, y representantes de éstos ante el gobierno hondureño, presentaban una evaluación de las pérdidas producidas con ocasión de esta infortunada situación. A juicio de éstos, las mismas ascienden a un monto aproximado de cuatrocientos cincuenta millones de dólares. Definitivamente que ésta es una cantidad muy alta para un estado tan pobre, como Honduras; pero cabría preguntarnos, ¿Cuánto pagarían algunos pueblos, como el de Venezuela para recuperar su libertad?





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