Tuesday, January 31, 2012

Perspectivas de seguridad post crisis

Lic. Gastón H. Schulmeister
Senior Analyst, Knightsbridge Security
(DPRM, octubre 2004 y ICCT, junio 2007)
Argentina
Octubre 14, 2009

En momentos en que se empieza a discutir la presunta recuperación económica tras la crisis global, resulta oportuno preguntarse acerca de las perspectivas en materia de seguridad en América Latina, y la Argentina en particular.

Dejando de lado el debate acerca del grado de impacto efectivo que pudiera registrarse en la región en relación al resto del mundo, aún si tal mejoría se hiciera realidad, distintos elementos sugieren que es difícil pensar que dicha recuperación pueda automáticamente proyectarse en mejoras sustanciales en materia de seguridad.

En primer lugar, hay que desmitificar la idea que el crecimiento trae aparejado automáticamente bienestar y paz. Este tipo de asociación es propia de una perspectiva socio-estructural frente al delito, que al poner el enfoque en consideraciones sociales —so pretexto de abordajes supuestamente “progresistas”— paradójicamente termina por plantear que el problema de la inseguridad deriva de los pobres; sin perjuicio de sí tenerse presente la incidencia de la exclusión y la marginalidad social, junto a la falta de oportunidades y expectativas futuras —fundamentalmente entre los más jóvenes— como factores condicionantes.

Lo que aquí corresponde advertir, entonces, es que si bien el crecimiento económico es un aliado siempre bienvenido para enfrentar los problemas sociales —e indirectamente la delincuencia—, es erróneo esperar ajustes automáticos en el comportamiento de aquellos grupos de riesgo volcados relativamente al accionar delictivo, en la medida que no hayan políticas de seguridad pensadas desde el punto de vista social: esto es, motivadas para la reinserción social de tales grupos en riesgo con programas específicos de entrenamiento y resocialización.

En segundo lugar, vale recordar que la emergencia de una crisis suele despertar mayor atención sobre los delitos “no prevenibles”, que tienen que ver con lo pasional, los ajustes de cuentas, el hacinamiento, y la pobreza —cuyos índices son los primeros que se disparan cuando estalla una crisis. Sin embargo, si bien una vez atravesada la crisis dichos delitos pueden mermar, las secuelas sociales negativas pueden no ser tan fáciles de revertir.

A la hora de hacer un diagnóstico sobre la situación en materia de seguridad post crisis, las conclusiones pueden ser muy distintas según el tipo de delito que se analice. Si bien la performance del delito en general tiende a mejorar, pueden registrarse tendencias de retroceso paulatino que no lleguen a recuperar los índices promedios registrados con anterioridad a la crisis.

Esto último es claro en la experiencia argentina después de la crisis histórica institucional sufrida a fines de 2001; tras cuyos efectos, si bien las estadísticas sugieren una tendencia en baja del delito en general, advierten la persistencia de índices altos en comparación a registros de años anteriores, o incluso tendencias con un ritmo de desaceleración inferior entre los delitos más violentos. Testimonio de ello es que por ejemplo el indicador más bajo de hechos delictivos registrado oficialmente desde la crisis de 2001 (en el año 2007) supera en magnitud a todos los indicadores de la década previa a la crisis, mientras los delitos contra las personas manifiestan una tendencia alcista prácticamente constante en los últimos quince años.

 Evolución Anual de hechos delictuosos registrados c/100.000 hab.
Fuente: Dirección Nacional de Política Criminal - Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos.

La problemática de la (in)seguridad es lo suficientemente compleja como para esperar efectos sustanciales de la presunta recuperación de la crisis internacional, habiendo tantas variables en juego en su dinámica, y sumadas múltiples particularidades (económicas) y falencias institucionales según los casos nacionales que se tomen en cuenta. En este último sentido, basta tener presente que, además de consideraciones sociales, el éxito de toda política en seguridad depende, al menos, del funcionamiento eficiente de la policía, de la justicia, del sistema penitenciario, de la reinserción social de los delincuentes, más la correspondiente armonía del funcionamiento de dichos actores institucionales como sistema.

Tal complejidad, y fundamentalmente la necesidad de procurar medidas preventivas frente al delito ante la persistencia de estándares de inseguridad elevados, es la que en los últimos años en la Argentina ha impulsado a los ciudadanos y empresas privadas a apelar a múltiples iniciativas en pos de su seguridad. Las mismas ya exceden a medidas tradicionales —rejas, perros, alarmas—, involucrando distintos tipos de asesorías y consultorías en la materia —tales como custodias personales, entrenamiento para la conducción de automóviles en situaciones críticas, manejo de armas, múltiples medidas de prevención— y fomentando, asimismo, industrias como la del blindaje de autos, de sistemas de video, o incluso la inmobiliaria con el auge de los barrios privados.

Acorde a todo lo antedicho, de caras a la posible recuperación económica post crisis internacional, no se debe cometer el error de inferir superficialmente que de aquella se puedan esperar necesariamente, de modo inexorable, mejoras sustanciales en materia de seguridad.

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